Cáncer y ejercicio físico

Si la práctica regular de ejercicio físico representa una excelente medida para reducir el riesgo de sufrir algunos tipos de cáncer, esta actividad también supone una buena forma de ayudar a las personas afectadas por la enfermedad.

Pero como cada paciente es distinto, antes de tomar la decisión de realizar cualquier actividad física hay que consultar con el médico. Él decidirá las pautas a seguir de acuerdo a cierto criterios:

  • El estado físico del paciente.
  • El tratamiento al que está siendo o ha sido sometido: cirugía, quimioterapia, radioterapia.
  • Los problemas derivados de la enfermedad que pudiera sufrir: dolor, náuseas, vómitos, entre otros.
  • El tipo de ejercicio que sería capaz de desarrollar.
  • La duración e intensidad del mismo.
  • Los posibles periodos de descanso.

En el caso de que efectivamente el afectado pueda hacer ejercicio, el paso siguiente es elegir cuál se adapta mejor a su estado. En modo general citamos algunas como:

  • Caminar. Esta sencilla práctica, que ayuda notablemente a mejorar la fuerza y la resistencia físicas, puede comenzar con cortos paseos por la propia casa, para luego realizarlos en el exterior. A medida que avanza la recuperación se puede andar más tiempo y más rápido.
  • Gimnasia. Los ejercicios gimnásticos son muy efectivos para aumentar la fuerza muscular y articular, así como para lograr más flexibilidad. Sería muy conveniente contar con la ayuda de un especialista en educación física pero, si no se consigue, y siempre que el paciente esté en condiciones, se pueden hacer en casa los siguientes ejercicios:
    • Tendidos en la cama boca arriba con los brazos extendidos a lo largo del cuerpo, doblar las piernas hasta apoyar las palmas de los pies. Estirar las piernas y volver a la posición inicial.
    • En la misma posición, levantar los brazos lentamente hacia arriba, de forma que queden paralelos, y cruzar las manos. Volver a la posición inicial.
    • Sentados, doblar las piernas y apoyar los pies en el suelo. Manteniendo los talones sobre éste, mover los pies hacia delante y hacia atrás, a la derecha y a la izquierda y en círculos.
    Al principio el número de repeticiones de cada ejercicio puede oscilar entre cinco y diez, para ir aumentando progresivamente cuando el enfermo se encuentre más fuerte.

La práctica de yoga o tai-chi, pueden aportar además de flexibilidad, un estado de relajación psico-física, constituyendo una práctica recomendable para reducir los niveles de ansiedad o sobrellevar situaciones de fatiga y depresión.