Nutrición y cáncer
Una dieta saludable durante la enfermedad
Uno de los problemas que pueden afectar a las personas con cáncer son las dificultades relacionadas a la nutrición. Los tratamientos para combatir las células enfermas pueden afectar a las células sanas situadas a su alrededor. Por eso, la dieta es un factor fundamental para evitar mayores efectos colaterales y ayudarle en su recuperación.
Aunque son los médicos los que deben llevar a cabo el seguimiento personalizado de cada paciente, valorando especialmente el tipo de tumor que padece y la situación en la que se encuentra, con carácter general se pueden establecer algunas pautas en materia de alimentación:
- Se debe aumentar la ingesta de alimentos energéticos, que ayudan a mantener el peso, la masa muscular y las reservas de tejido graso.
- Por término medio la persona afectada consumirá entre 30 y 35 calorías por kilo de peso al día. Para alcanzar esos niveles hay que tomar alimentos ricos en calorías, pero también en proteínas. Entre ellos los frutos secos, la mantequilla, los quesos curados, los helados y la miel.
- Evitar aquellos productos que provocan gases como las legumbres, el coliflor, las acelgas, las habas; además de los picantes o los que desprenden un fuerte olor (repollo, mostaza, sardina...).
- Presentar en una preparación única el máximo de componentes que precisa el enfermo. Por ejemplo, pasteles de carne con verduras, o de pescado con patatas, o platos de pasta con pollo, o sopas de hortalizas y queso.
- No tomar las comidas ni demasiado calientes ni demasiado frías, y en general optar por las preparaciones hervidas o al horno y evitar los fritos o salteados.
- Es conveniente hacer entre cinco y seis comidas al día más bien ligeras, en lugar de tres o cuatro más abundantes.
- En esta línea hay que adaptar las comidas a la situación de cada persona, procurando que elija el momento del día en que tiene más apetito.
- Dentro de esas premisas, variar al máximo la dieta y presentar los alimentos de forma atractiva.
- A ser posible, ingerir los líquidos después de las comidas evitando siempre las bebidas gaseosas.
Alimentación: prevenir es posible
Como sucede con otras muchas enfermedades, la prevención representa uno de los factores más importantes para reducir la aparición del cáncer. En este sentido, la dieta juega un papel fundamental, se sabe que existirían algunos alimentos con efecto protector y, por el contrario, el efecto nocivo que pueden ejercer una serie de productos de consumo habitual.
La clave para impedir la aparición de enfermedades, y en especial referencia al cáncer, es seguir ciertas pautas a la hora de sentarse a la mesa. Pautas que en buena medida pasan por mantener una alimentación “saludable”.
Por ello es aconsejable:
- Tomar abundantes frutas y verduras, alimentos ricos en fibra y vitaminas, que pueden ayudar a prevenir distintos tipos de cáncer relacionados con el aparato digestivo.
- Incluir en la alimentación habitual cantidades significativas de legumbres, cereales y tubérculos, que aportan sobretodo vitamina C y E, con propiedades defensivas.
- Aumentar el consumo de pescado, en especial los que integran el grupo denominado pez azul: atún, sardina, caballa, etc; que son ricos en ácidos grasos omega-3.
- Limitar el consumo de carnes rojas y procesadas como las hamburguesas, salchichas, carnes ahumadas.
- Limitar a un máximo de 2 el consumo de las bebidas que contienen alcohol (cerveza, vino, licor).
- Controlar el peso y evitar las grasas saturadas en la alimentación habitual.